El estudio de papá

Hola, me llamo Ópal y soy hija de Tomás y de Topacio. Mi madre es panadera y mi padre abogado laborista, que ayuda a trabajadores con problemas con sus jefes y esas cosas. Mi vida, sin ser excesivamente ostentosa, se puede decir que ha sido holgada en cuanto a dinero y a cosas materiales. Mi carácter es bastante jovial y extrovertida pero no pomposo o prepotente, herencia de la educación de mi padre, que siempre miró por hacerme ver que no todos podían tener lo que nosotros teníamos y que jamás debía de mirar a la gente por encima del hombro. Mi vida y mi relación con ellos fue tan normal como la de cualquier otra familia…excepto por un detalle.

En aquel tiempo yo tenía 17 años y era una jovencita en plena adolescencia que llevaba una chica de estudios y chicos, lo habitual. Recuerdo que en esa época estaba absorta con unos trabajos que tenía que realizar para clase porque los exámenes finales eran inminentes y quería acabar el curso con buena nota. Acababa de terminar todos los trabajos y me disponía a imprimirlos, cuando mi impresora se puso en huelga. La muy cabrona se negó a funcionar y yo estaba desesperada porque el plazo terminaba justo al día siguiente, de modo que por un instante me planteé el ir a una copistería a que me lo imprimiesen allí…hasta que recordé que había otra impresora en casa.

Mi padre trabajaba en casa y tenía un despacho en donde recibía a sus clientes y demás gente del trabajo, sindicalistas y otras historias. Era su estudio particular y tanto a mi madre como a mí nos había dicho que no entrásemos nunca en él, que era su rincón particular en donde estar a solas si quería, a donde retirarse si le apetecía tomarse un respiro de los asuntos del mundo, además de ser donde trabajaba. Al igual que yo, tenía un ordenador con su propia impresora, y a pesar de esa prohibición que siempre había respetado al igual que mi madre, consideré que esa era una buena excepción a la regla y que merecía la pena entrar en aquel rincón que solo había visto a través del umbral de la puerta de vez en cuando.

Cargué mis trabajos en una memoria flash y me dispuse a cruzar la casa para entrar en el despacho de papá. Aquel día mis padres habían salido con unos amigos y yo me había quedado a estudiar, de modo que tenía la casa para mí. En otras circunstancias habría invitado a mi novio a casa para darnos el lote, pero con el fin de curso a la vuelta de la esquina debía aparcar mis revolucionadas hormonas y poner toda la carne en el asador y sacar el curso con buena nota (además, me iba en juego un viaje de verano con las amigas, que mis padres me permitirían hacer si lo aprobaba todo con buena nota). El corazón me latía con fuerza porque yo jamás había entrado allí, y mamá tan solo un par de veces cuando tenía que hablar con él si era algo urgente o grave. Aquello era nuevo.

El estudio de papá era una preciosidad de despacho muy parecido a los que se podían ver en una película de abogados: armarios y estanterías llena de libros de leyes y derecho civil y demás. Había archivadores, una mesa llena de papeles que no alcanzaba a entender que decían y el ordenador con la impresora al lado, que yo necesitaba para poner en papel lo que tantos días me había llevado redactar. Me dispuse a encender el ordenador y una vez lo hice conecté la memoria flash a éste e inicié el copiado de datos para que la impresora los sacase. Abrí el directorio de carpetas para encontrar la que mi padre usaba (ambos teníamos esa manía: si iba a ser impreso, lo poníamos todo en un mismo sitio) y encontré algo que cambiaría mi vida para siempre.

Entre sus muchas carpetas el disco duro, había una que captó mi atención porque era la única cuyo título no tenía ver que con su trabajo. Solo ponía una palabra, “video”. Pensé, en mi inocencia, que sería una carpeta donde papá tuviese películas que pillaría por Internet y siguiendo esa línea de pensamiento la abrí mientras la impresora ya estaba trabajando, a fin de ver que películas tenía y si alguna me interesaba…y cual sería mi sorpresa al encontrarme con que, sin comerlo ni beberlo, había encontrado la colección de porno de mi padre. Obviamente para mí fue un shock porque siempre asumes que tus padres no hacen esas cosas, que no ven videos pornos ni hacen las cosas que los demás hacen, y al final te das cuenta de que ellos son como todos los demás y que hacen las mismas cosas.

La sorpresa para mí no era ver sus videos porno, si no los títulos de los mismos: “papá y su hija en la cama”, “hija seduce a su padre”…y cosas por el estilo. Todos los videos, sin excepción, eran videos de incestos, y hasta me dio tiempo a ver alguno de ellos. De pronto mi mundo pareció volverse del revés y patas arriba. ¿Mi padre era un aficionado a videos de incesto?...¿que conclusión debía sacar de todo ello?, ¿qué él se quería acostar conmigo?, ¿o solo era un pasatiempo y lo demás un delirio mío?. No me enfadé, no me enfurecí ni rabié de dolor por todo aquello, tan solo me quedé con un sentimiento de duda e intriga que no me abandonó el resto del día. De hecho en la cena ni siquiera hablé, cosa que llamó la atención de papá.

-Ópal, cariño, ¿te encuentras bien?, te veo muy pálida, ¿pasa algo?.

-¿Qué?...no, no pasa nada, tranquilo. Estoy bien.

-¿Segura?, te veo más callada de lo habitual, y siempre has sido parlanchina, ¿de verdad que estás bien?.

-Sí, muy bien…es solo que hay algo que he visto y que no sé como interpretar, eso es todo.

-Muy importante tiene que ser para que estés así-intervino mamá, y de súbito me asaltó una duda: ¿sabría mamá de las aficiones de papá?-, no es frecuente verte tan taciturna. Si quieres que te ayudemos, ya sabes que solo tienes que decirlo…

-Ya lo sé mamá, gracias, pero esto es algo que tengo que resolver yo sola. No es que no quiera vuestra ayuda, es que prefiero aprender a valérmelas por mi misma.

-Esa es mi chica-y de pronto mi padre me dio un beso y un abrazo, sin venir a cuento. ¿Era un abrazo de padre a hija, o una excusa para tenerme entre sus brazos y así tener un contacto de su cuerpo con el mío? Ya no podía asegurarlo-. Me encanta que seas autosuficiente. No quiero que dependas nunca de un hombre para vivir. Quiero que seas tú misma.

-Eso también lo sé, gracias papá-le devolvió el beso de lo más aséptico posible, aunque me intrigaba si para él era solo un beso de mejilla o un deseo de que un día me besase en la boca-.

Mis padres me habían dado una educación sexual muy abierta para así evitarme cualquier trauma o futura represión, cosa que me había convertido en una persona sin tapujos ni escrúpulos. Considerada el sexo como algo hermoso y natural y no entendía a aquellas personas que se veían incapaces incluso de hablar de ello abiertamente como si fuese algo pecaminoso. Quizá fue por eso que yo en vez de enfadarme con mi padre por sus videos pornográficos, asumí que quizá la vida sexual de mis padres era escasa y que por tanto él buscaba refugio en algo diferente para dar rienda suelta a sus deseos. Ahora bien, ¿por qué videos de incesto en vez de otra cosa?. Esa era la preguntaba que no me dejaba dormir por las noches.

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Comencé a ver a mi padre de otra manera. Era mi padre, pero ya no lo era…era un hombre, sin más, un hombre con deseos, con necesidades, como todos los demás, y una idea empezó a cobrar forma en mi mente y a roerla como un ratón roía un queso: mi padre en su estudio, él solo, viendo sus videos mientras se masturbaba frenéticamente, dándole al manubrio como un loco. Lo peor no era que lo pensaba: era lo que soñaba. Más de una vez me desperté sobresaltada en plena noche, y al ponerme a recordar lo que estaba soñando, saber que era mi padre pajeándose en su estudio. Ya no sabía si mi obsesión por esos videos me estaba llevando por el camino de la locura o que mi mala cabeza me la estaba jugando…o mis hormonas, también era posible. Pensando que sería lo mejor hablarlo con él, decidí que un día que mi madre no estuviese intentaría hablar con papá sobre lo que me pasaba.

Al cabo de un par de días mamá se fue a ver a mi tía y yo le dije a mi padre que yo iría a casa de unos amigos, de modo que le dejaríamos solo. Me encargué de cubrir mi rastro diciéndoles a mis amigos que si mi padre llamaba, ellos le dijeran que estaba con ellos (en el baño o algo así) para que no sospechase de mis verdaderas intenciones. Al cabo de unos minutos de salir de casa y de que mi padre me perdiese de vista, torcí la calle para quedar fuera de su alcance y volví a casa por la otra ruta, entrando en silencio por la puerta trasera que quedaba bastante lejos de su estudio. Confiaba que así me sería más fácil tener esa charla que quería con él…pero eso no fue posible.

Al llegar a la puerta de su estudio escuché unos gemidos y vi que la puerta no estaba del todo cerrada, solo entornada. Había una rendija desde donde podía mirar lo que pasaba allí dentro, y lo que vi no tenía palabras para describirlo: tal y como había soñado tiempo atrás, mi padre estaba desnudo de cintura para abajo, sentado en su sillón con unos pañuelos cerca de él, puestos en la mesa, con su mano derecha se pajeaba con total tranquilidad mientras veía sus videos porno. Me fue imposible evitarlo: los ojos se me fueron hacia la polla de mi padre, que estaba en toda su erección. Se la acariciaba de tal modo que me provocó que se me hiciese la boca agua (es que una es muy aficionada del sexo oral, que se le va a hacer jejeje).

Me maravillaba ver con que pasión se entregaba mi padre a su propio placer. En lugar de sentir vergüenza, que era lo que se suponía debía sentir por ver aquello, sentí el morbo de lo prohibido que llamaba a mi puerta. Nunca antes había visto a un hombre masturbándose a solas y aquello pudo conmigo. Procurando hacer nada de ruido busqué acomodarme junto a la puerta y no perdí detalle de cuanto acontecía al otro lado de ella. Que fantástica paja se hacía papá, que gozada verlo gozar, valga la redundancia. Se la machacaba a buen ritmo, con una cadencia perfecta, arriba abajo y vuelta. Y sin que su polla fuese un mástil de barco o una pértiga, me fascinó su grosor más que su longitud. La tenía gorda, gruesa, apetecible. Mi propio cuerpo empezó a reaccionar sin que se lo propusiera y un calor interno comenzó a quemarme. Me estaba poniendo cachonda.

Con el poco tiempo que había pasado desde que me había marchado hasta que le había pillado con los pantalones bajados solo habían pasado minutos, de manera que era lógico deducir que aquella era su primera paja. Mis nacarados y finos pezones no fueron insensibles a aquella visión y en silencio me los toqué, comprobando que estaban algo duros por lo ocurrido. Me los acaricié sin lanzar ningún gemido. Jamás antes me había masturbado y mucho menos en silencio absoluto, y eso me dio muchísimo morbo. Padre e hija, masturbándose a un par de metros uno del otro si que él supiese lo que su amada hija hacía viéndolo a él. La sola idea ya me hacía humedecerme entre mis piernas.

Abriendo los ojos tanto como pude (mi mano derecha ya estaba acariciándome el coñito con mucho mimo), seguí mirando como mi padre se fustigaba. Que visión, por dios, era alucinante…y más alucinante fue cuando aceleró sus meneos al notar que su primer orgasmo estaba cerca y no pudo contenerse por más tiempo. De la cabecita de su verga salió un abundante chorro de esperma, provocada con toda seguridad por una gran sobreexcitación al ver esos videos. Me volví loca mirando como aquel espeso líquido blanco caía a borbotones manchando su polla y su mano hasta ir a parar al suelo. Por un instante de locura, sentí unas terribles ganas de entrar como una tromba por la puerta y arrodillarme ante él para comérsela toda y no desperdiciar aquel precioso tesoro blanco. No podía hablar por mamá…pero yo era una adicta al semen.

Olvidándome de él y del resto del mundo, me exploré con morbo y lascivia todo el cuerpo y dándome caña en mi chochito humedecido yo también aceleré la fuerza de mi mano en mi sexo porque ya no podía aguantar más, tenía que correrme ya mismo, y si mi padre me encontrase tirada en el suelo semi desnuda y masturbándome me daba absolutamente igual. Es más, casi deseaba que me encontrase, que me follase, que me hiciese suya como en esos videos que tanto le gustaba ver. En el fragor de la excitación mi lado oscuro se apoderó de mí y me dejé llevar por oscuras fantasías sexuales con mi padre y esa maravillosa polla que años ha me había dado la vida. Me moría de ganas por darle las gracias.

Recuperando la cordura y el sentido común, me volví a vestir como pude y de nuevo eché un vistazo a lo que pasaba en el estudio de papá. Para mi asombro, en lugar de encontrarle limpiando sus propias manchas de semen, ya estaba dándose caña otra vez. ¡Imposible!: ¿acababa de correrse y ya la tenía dura de nuevo?. Aquel no era mi padre, era un semental, una fuerza de la naturaleza. Con aquella potencia de fuego mi madre debía quedar con las piernas flojas y su coñito humeando. ¿Haría lo mismo si le diese la ocasión de hacerlo conmigo?, ¿me follaría tantas veces que terminaría muerta de cansancio en la cama, cubierta de su leche de arriba abajo?, ¿sería capaz de batir mi resistencia y dejarme sin fuerzas?. Hasta ahora nadie lo había logrado, ¿podría él?.

Aquella tarde se me hizo eterna entre tocamientos y miradas furtivas a la polla de mi padre, que se masturbó hasta que quedó agotado (e hicieron falta 5 ó 6 pajas para lograr tal cosa). Tomé las de Villadiego en cuanto vi que su show había acabado y me largué de allí como alma que lleva el diablo para que no me pillase en pleno delito de voyeurismo. El resto del verano lo pasé con la mente llena de fantasías que no sabía si me convertían en una pervertida o en una simple víctima de un calentón momentáneo, y hasta mi viaje con las amigas fue agridulce, porque aunque lo pasé genial con ellas, me sorprendí a mi misma añorando ver los shows masturbatorios de papá. Eso me llevó a tomar las riendas de la situación, y a decidir que a mi regreso hablaría con él para ver como poner fin a todo aquel desmán que estaba pasando.

-Hola papá. ¿Podemos hablar?.

-Hola Ópal, cariño. Sí, claro, ¿va todo bien?.

-Sí, va bien, pero necesito hablar contigo…y a poder ser, de hombre a mujer.

Aquello le cogió por sorpresa. Me miró confuso, frunciendo el ceño.

-¿De hombre a mujer, ¿no de padre a hija?.

-No, de padre a hija no-sonreí-. Tiene que ser de hombre a mujer.

-Bueno, tu dirás…¿de que se trata, Ópal?.

-Puessssss-y di un suspiro para aliviar la tensión…no sé por donde empezar, la verdad. No tengo ni idea.

-¿Qué tal por el principio?.

Me llevé la mano a la nuca y me la rasqué un poco. Tuve que insistirle en que me dejase explicárselo todo con puntos y comas y que escuchase lo que escuchase, él no se movería de su sitio. Cuando aceptó todas esas condiciones fui lenta y pacientemente explicándole qué era lo que me pasaba, las cosas que había visto y hasta las que había hecho (aunque omití la parte de los sueños). Papá me escuchó y a medida que lo hacía el gesto el fue cambiando de intriga a asombro. Creo que ni un millón de años él hubiese esperado algo semejante.

-Yo…no sé que decir…dios mío, no sabía que te pasara todo eso…pero de todas formas ya te dije que nunca entrases en mi estudio, que era mío…

-No lo hice adrede papá, ya te lo dije. En la carpeta solo pusiste “videos”, nada más. Bastante me iba a imaginar yo lo que encontraría. Necesito saberlo papá, de verdad que lo necesito, esto me quema por dentro. ¿Por qué incesto?, ¿es que sientes deseos hacia mí?....¿es que te gustaría….montártelo conmigo?.

-¿¡QUÉ-se escandalizó-!?. No, por dios, claro que no….¿tu has supuesto que yo…?, no mi niña, lo has entendido mal…

-Pues explícamelo. Explícamelo porque no lo entiendo.

-Dime una cosa Ópal: en todos los videos que viste, ¿alguna vez los amantes se han tratado como padre e hija?. Quiero decir: ¿recuerdas si algún video la hija le dice “papá” o él la llama “hija” o “hijita”?.

-Sí, claro..yo…

Estaba a punto decirle el título de algún video que había visto, pero de pronto me quedé en blanco. Hice un repaso mental exhaustivo de los videos de incesto que papá tenía en su ordenador…pero hasta que él no lo dijo, no había caído en la cuenta. Tenía razón: en ningún momento se trataban entre ellos de padre a hija o viceversa.

-No lo entiendo papá. ¿Estás diciendo que esos videos…?.

-Son falsos-respondió-, o por lo menos, semi falsos. Como has visto sí que follan entre ellos, pero no hay ninguna prueba de su parentesco, nada que delate que en verdad sean un padre y su hija manteniendo relaciones sexuales.

-Claro que la hay: el título del video.

-¿Segura?. Yo podría subir al emule o al ares una película con llamándola “Las Aventuras de Tintín” y en verdad al abrirla aparecer “Drácula”, o lo que sea. El nombre no significa nada.

-¡Un momento!, eso significa…

-Que todo está en tu cabeza, como en la mía. Sí, es verdad, busco esos videos con esos títulos pero eso no significa que sean reales.

-¿Y entonces por qué los descargas?, ¿por qué buscas eso?.

-Porqué me gusta-contestó con total naturalidad-. Es mi fantasía, cariño-y con el dedo apuntó a su sien-, es mi mente y en ella puedo ser todo lo retorcido que quiera siempre y cuando no intente llevar la fantasía al terreno de lo real, y siendo así, ¿por qué no ver un video imaginando eso o algo peor?. A fin de cuentas es mi cabeza, y no existe ley alguna que rija en ella-y allí noté como salió su lado de abogado-.

Me quedé más ofuscada que sorprendida por la declaraciones de papá. Pensaba que sería un depravado de mucho cuidado, y en verdad solo era un fantasioso al que le gustaba explotar el lado retorcido de su mente. No supe que contestarle.

-¿De verdad has llegado a creer que sería sexo contigo, Ópal?.

-Pues….sí-confesé-. No solo eso, incluso alguna vez tuve fantasías contigo, y no eran eróticas, créeme: eran fantásticas-ironicé entre risas-. Desde aquel día en que te vi masturbándote no he dejado de tener fantasías contigo.

-¿Cómo dices?, ¿qué día?.

-Hace meses, cuando dije que iba con unos amigos: volví a casa y te espié desde el otro lado de la puerta. Me pasé toda la tarde tumbada en el suelo viendo como te la machacabas viendo tus videos, viendo como te corrías una y otra vez. Eres un portento papá, nunca había visto a alguien tan dotado como tú.

Papá se quedó mirándome fijamente, no enfadado, pero sí sorprendido ante mi franqueza. Casi esperaba que me regañase como si fuese una niña pequeña que hubiese hecho algo malísimo, pero no, nada de eso.

-¿Te gustó verlo-preguntó en tono neutral, aséptico-?.

-Muchísimo-y me senté encima de él, abrazándole y poniendo mi mano encima de sus pantalones. Él se medio incorporó un tanto incómodo y yo me reí porque eso era lo que buscaba: incomodarle para que no estuviese relajado-. Sí, papá, me gustó verte. Me gustó mucho.

-¿Te gustaría verlo de nuevo?.

-Solo si me dejas excitarte-le confesé-. Si lo deseas bailaré para ti, en el estudio. Tú y yo solos.

Acordamos ciertas condiciones y esperamos unos días a que mamá tuviese que ir de visita o que quedase con alguna amiga, y el día que nos encontramos solos yo me vestí con mis mejores galas, las más provocativas, y él estaba esperándome. Ni se había bajado los pantalones ni estaba erecto…al menos de momento.

-¿Sabes bailar-pregunté-?.

-No: sé calentar pollas-le dije con malicia-. Y si quieres, calentaré la tuya.

-A ver si lo logras, pero con una condición: nada de desnudos.

-¿No quieres verme desnuda?.

-Prefiero la sugerencia a la transparencia-me espetó-. Es mejor dejarlo todo a la imaginación que verlo, eso ya no tiene encanto.

Comprendiendo que no debía bailar como si de un strip-tease se tratase, papá fue al ordenador a poner música de discoteca y yo comencé a contonearme delante de él, acariciándome suavemente el cuello, las tetas, la cintura, moviéndome con lentitud y con expresión de goce como si me lo estuviesen haciendo allí mismo. Di giros, golpes de cadera, jugué a subir y bajar mi falda para dejar entrever mi tanga y a desabotonar un par de botones para ampliar mi escote sin llegar a poner las tetas al aire. Cuando abrí los ojos mi padre se había bajado la cremallera, desabrochado el cinturón…y ya tenía bien agarrada su polla con la mano, meneándola leve y armoniosamente. Remojé mis labios como si me estuviese besando con alguien o estuviese chupando pollas. Papá no perdía detalle de mis movimientos ni yo de los suyos.

Jugué con mi largo y ondulado pelo rojizo, de vez en cuando clavaba mis ojazos verdes en los de papá o en su verga, mis manos acariciaban el contorno de mi cintura o de mis tetas de formas generosas, jugando con mis pezones para que se quedasen con un gran empitone y que él pudiera verlo. Vestía una camisa blanca anudada al vientre, con un top negro por debajo, con una falda de cuadros y medias negras hasta las rodillas con el fin de parecerme a algunas de las chicas de sus videos, las colegialas de toda la vida a las que enseñan lecciones que en clase no se pueden aprender. Jugué con ese topicazo y no tardé en ver que a papá le encantaba ver a su hija bailando tan provocativamente.

La idea de bailar para mi padre, de moverme así para él, de provocarle…no sé, me daba una corriente por el cuerpo que no podía explicar. En aquel momento, si me hubiese tumbado sobre la mesa y penetrado con violencia hasta que me arrancase unos pletóricos orgasmos yo me hubiese dejado sin oponer la mínima resistencia. Por papá sería capaz de hacer de todo: si él tenía ganas de catar una mujer joven, en la flor de la vida y a la que poder satisfacer…¿quién era yo para oponerme a sus deseos?.

Mientras bailaba y me acariciaba entre las piernas por encima de la ropa empecé a imaginar que eran sus manos las que me tocaban, las que me acariciaban. Iban por mi faldita y se metían por debajo, jugando a apartarme el tanga para acariciarme y explorar mi dulce coñito, hambriento de su cuerpo. Si las subía y me acariciaba sus tetas también eran sus manos viciosas que estaban locas de comprobar el tacto de mis tetas. Y cuando meneaba el culo….mmmmm cuando meneaba el culo, eso ya era el límite del morbo: nunca se lo había entregado a nadie, ni siquiera a mi novio…y la idea de que él tomase posesión de mi culito me poseyó por completo. Bailando de espaldas a él, lo acaricié y jugué con mis nalgas incitándole a pajearse como un loco.

-Mmmmmmmm Ópal, cariño…sí que sabes bailar muy bien…mírame, mírame como me toco por ti….mira lo gorda que la tengo…esto es culpa tuya…tú ha sido quien me ha provocado…eres una perversa, una golfa…estás calentando a tu padre y lo haces a propósito…que hija más guarrilla tengo…

-Sí papá….soy una guarrilla…soy toda tuya…mírame, deséame…yo te deseo, te deseo todo….tócame, bésame, tómame…mi cuerpo es para ti, sólo tú me tocarás, serás mi amo…mis tetas serán el manjar donde te hartes…mi boca te chupará todo lo que tú quieras…me lo tragaré todo…y si necesitas beber, beberás de mi entrepierna…beberás hasta saciarte, te lo vas a beber todo como un niño bueno…

Los perversos comentarios que nos lanzábamos iban subiendo de todo, elevando las cotas de excitación y llenando la habitación de una atmósfera de sensualidad. Era nuestro momento, de él y mío, y nos entregábamos a nuestro propio placer: yo, bailando y excitándole; él, pajeándose jugando en su mente con la idea de montarme y hacerme suya. Sus gemidos iban creciendo en intensidad y por ellos supe que estaba a punto de gozar, su polla debía estar que reventaba de ganas por correrse, y entonces recordé como la otra vez su semen se había caído al suelo a borbotones, desperdiciándose.

-¡De eso nada-grité-!, ¡esta vez no!.

Mi padre no entendió lo que pasaba y poco pudo hacer cuando cambié mi baile pasivo por un papel más activo en el cual y sin previo aviso me arrodillé frente a él con mi mano sujetando su polla y mi boca justo en su punta. No se la chupé pero sí que se la meneé lo justo para que él terminase su faena…y entonces un continuo burbujeo llegó a mi boca y mis mejillas. Sentía su semen caliente en mi boca y me esforzaba en tragarlo todo sin dejar que le cayera ni una gota. La polla de mi padre ardía pero de verdad, era fuego en mis manos. Palpitaba caliente y viva y me esmeré en ordeñarlo y vaciarle los huevos de su semen para que me lo echase todo en la boca. Fue una corrida copiosa, al igual que las otras que le había visto. Su cara de placer al mirarle no tuvo precio.

-¡CABRONAZA-me gritó-!, ¡QUE HIJA DE PERRA!...eso no me lo esperaba de ti, pervertida…joder, me lo has comido todo, te lo has tragado enterito…pensé que eso era imposible…dios…

-¿Sorprendido-le guiñé un ojo-?. Pues eso es solo una parte de lo que sé hacer. Puedo hacer muchas más cosas…muchísimas.

-¿En serio eres tan buena como dices ser…o solo me estás vacilando para así provocarme y que nos lo montemos tú y yo?.

-Eso tendrás que averiguarlo por ti mismo-le dije-. No te diré nada.

-Estás jugando con fuego, si tu madre o tu novio nos pillasen sabes que nos las íbamos a ver muy putas.

-Solo si tú hablases-me volví a abrazar a él-. Soy una mujer papá, sé guardar un secreto mucho mejor que tú…y si me montases no iba a sentirme culpable después, eso te lo garantizo-le aclaré-. Si tú tampoco te sientes culpable, no hay nada que decir a los demás.

Mi declaración de intenciones le cogió por sorpresa, pero apenas podía pensar después de la comida de polla que le hice. O comida de semen, más bien. Tardó un poco en recuperar el aliento tras la descarga que había lanzado a mi boquita, y después de esa primera vez hubo otra siguiente. Con aquellas dos veces tuvimos más que suficiente ese día, y cuando me acosté a la noche dormí como un lirón y con una sonrisa de oreja a oreja. No solo había bailado para mi padre si no que además había tenido el privilegio de darle una ligera mamadilla en su puntita para que me lo echase todo en la boca. Más que asco, fue muy excitante. Tanto que tuve que masturbarme antes de dormirme, ¡¡solo de recordarlo me ponía cachonda!!.

Mamá jamás sospechó de lo que había pasado entre Papá y yo. Nuestra relación seguía siendo la misma, excepto cuando él y yo nos quedábamos a solas y entonces yo me iba al estudio de papá para bailar ante él (vestida de todas las formas posibles, pero siempre sin enseñar nada; todo insinuación). Y no solo bailaba para él, también acababa impregnaba de su semen en mi cara cuando me lo tragaba, porque a veces dejaba algo por la comisura del labio para que él lo viese (y supiese que aquello había pasado y que me gustaba que pasase). Mi boca, mi cuerpo, todo era suyo para que él hiciera conmigo lo que quisiera. Si alguien me hubiese dicho que por un error de interpretación mío iba a pasar todo aquello, jamás lo hubiese creído.

¿Llegué o no a tener sexo con mi padre?, ¿llegamos al extremo de acostarnos?, ¿me folló como nunca me han follado?...nunca lo sabréis. Imaginadlo, presuponedlo, pensad mal…y seguramente acertaréis jajaajajajaaja. Con haber contado todo esto me doy por satisfecha. Por supuesto que apartes de bailes y mamadas pasaron más cosas, en ese sentido hemos sido…juguetones jejeje. Con papá me lo paso de vicio cuando mamá se marcha y empezamos a jugar a “nuestros juegos”. Ha pasado mucho, muchísimo tiempo desde aquella primera vez que le pillé pajeándose, y desde entonces hasta ahora no hemos dejado de gozar, pero para mí no hay nada mejor que bailar para mi padre y ver como se pajea delante de mí, me vuelve loca saber que yo la causante de su deseo. ¡¡SOY TAN FELIZ CUANDO SE CORRE EN MI BOCA!!...

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