El fin de semana pasado fuimos al Marrueco para visitar las varias ciudades, conocerles a las personas marruecanas, aprender un poco de la cultura, cultivar alguna competencia intercultural, y comprar cosas muy baratas. La experiencia fue sin precidencia—nunca había visitado a África, nunca había visto una ciudad musulmán, nunca había tenido que negociar los precios de las que quería comprar.

Cuando empezamos a la costa de Marrueco, estaba emocionado. Mi primer visito a África fue enfrente de mis ojos, y me apareció tan bueno. El barco había llegado bien, cruzando el mar en cuarenta minutos solos mientras todavía dándonos muchas oportunidades buenas para sacar fotografías. Pero la puerta en África fue diferente—fui incomodo casi tan pronto como llegamos. Los hombres aparecían diferentes, un poco malos, y cualquier lugar podría haber sido limpiado tres o cuatro veces sin consequencia. Terra cubría toda cosa, siquiera estaba encima de los edificios lo cual a mí por lo menos me parece un ubicación difícil encontrar la terra. En cada calle podría ser encontrado la basura, en ambos lados, a veces siquiera en la media. Cado edificio era en un estado constante de media-destrucción, y yo pensaba cuando esa destrucción terminaría.

Pero eso fue la puerta, y Tetuán. Los lugares entre esos fueron tan bonitos, increíblemente así, con nada excepto montones, arboles y animales exóticos ser vistos. Y cuando llegamos en la ciudad de Tchechoua (no pienso que se escriba así pero no me importa y no debe importarte tampoco), me dio cuenta que África fue un lugar otro, completamente diferente que los que sabía pero bonito en su manera única. La ciudad me parecía como algo de fantasía (en particular, la ciudad de Minas Tirith de Lord of the Rings), y durante nuestro camino por las calles era difícil creer que lo que estaba pasando era la realidad. Azul y blanco cubrieron cado parte de la ciudad, y viendo arriba el montón verde grande dominó la vista. Un río pequeño pasó por el lado del pueblo, y allí la gente lavaron su ropa. En el corazón del pueblo, se vendieron pescado, especia, té, carpetas, cerámicas, sillas de madera, cualquier cosa puedes imaginar y algunas otras que te olvidaste. El pueblo entero fue un gran mercado, y cada persona fue mercador.

En la calle le conocí a un hombre se llama Saír, un nombre muy estereotípico yo sé, pero no me importaba. Pues... Cuando digo que "le conocí" lo que debo decir es que él me llamaba con una voz muy siniestro, con su acento musulmán, su falta de dientes y su piel deslavado. Pero, otra vez, digo que esas cosas no me importaba mucho y, aunque tenía una poca paranoia cuando me pidió caminar sube una calle desertada, pronto no hacemos amigos de nosotros.

Views: 27

Comment

You need to be a member of Classroom 2.0 to add comments!

Join Classroom 2.0

Study - Help Wanted!

Click HERE to help.

Commercial Policy

If you are representing a commercial entity, please see the specific guidelines on your participation.

Guide to Online Ed. Degrees

The Fifth Year Anniversary Book Project!

We want you to write a chapter!

Click here!

Badge

Loading…

Follow

Awards:

© 2014   Created by Ezequiel Pitty.   Powered by

Badges  |  Report an Issue  |  Terms of Service